viernes, 22 de enero de 2016

Para Tracy: VOYAGE, VOYAGE 2009...

Fue por 2009, un año después de que dejase mis letras prostiutirse, al mejor postor, al plagio, y demás.

Entonces no sabía de qué iba esto.
Suprimí muchos de los post plagiados.

Hoy recupero este viejo post y se lo regalo a Tracy.
Con mis "italianinis", mi luna, mi sol, aquella estrellita, y mi granizado de limón. Niza.
Y seguimos columpiándonos. Nada merece un cabreo frente a la carencia de esencia...
;)

Voyage, voyage

miércoles, 15 de julio de 2009, 11:26:58 | evamric@yahoo.es (eva-la-zarzamora)

Cada vez me gusta menos el viaje. Lo siento como una desazón, una picadura de mosquito, y una carga. Tal vez se deba a que ya no viajo por placer como antes sino por necesidad. Antes, cuando también me ocurría viajar por necesidad, tampoco me gustaba el transporte pero no por los mismos motivos. La impetuosidad o el corre corre hacían, o bien que me durmiese durante el mismo, o bien que ensimismada o nerviosa, leyese mis últimas notitas, o preparase esas preguntas de antemano que nunca llegan a hacerse. 

Siempre se me hicieron eternas las horas perdidas en los aeropuertos, pero antes al menos se podía fumar, y en las terminales, tirados como viejos trapos nos invadían las charlas, las colillas y el imsomnio. Ahora hasta fumar se ha vuelto un estrés…

Aquellas largas e interminables horas, llenaban nuestras libretitas de apuntes, se alimentaban de nuevas direcciones, y servían para intercambiar los contactos bajo guiños cómplices. Ahora el ordenador pesa un quintal, y tienes que cargar con él, sin contar que lo analizan por todos los radares posibles e imaginables como si fueras un ex agente de la KGB.
Antes el viaje era un espacio, un encuentro y un aburrimiento en el que la pérdida de tiempo era una delicatessen. Me puse a pensar en el placer que me producía el viaje (aun cuando siempre lo he detestado) al regresar de Niza a París en tren, y al salir de París para Valencia en avión. De golpe y porrazo vi al maltrecho viaje desfilar por la ventanilla del TGV a toda pastilla. Las gotas de lluvia ya no deslizaban por el cristal, se estrellaban y de estampida salían del rectángulo. Se agolparon de pronto y sin quererlo aquellas estaciones que olían a deshoras, aquellas maletas cuadradas con asa, aquellas mochilas con cantimploras y Chirucas. Agolpadas y estrujadas, maltrechas ya, peleando como pueden con la comodidad de las ruedas, y el arrastre de un equipaje bien hecho y estudiado, permanecen hoy en un rincón del olvido. 

Al comprar el billete de tren vía Niza por internet (algo más cómodo que las largas colas en las que siempre conversabas y peleabas con alguien) me propusieron tres opciones « zen, fun y cool ». Para empezar el que no hable inglés, o carezca de imaginación, lo tiene crudo. Dado que sabía que me apetecería dormir a la vuelta por el cansancio acumulado por el curro, leer o escuchar algo de música, opté por la opción zen. 
Subí pues en Niza, como digo, en el TGV (AVE) tren rápido y poético. Este se llamaba « Alaris » (nada que ver con el ya mítico Puerta del Sol, que se perfumaba matutinamente con Nenuco), para instalarnos en él y emprender viaje con Carmela, mi colega. Ambas nos pusimos los cascos con ánimo de echarnos un buen siestorro en plan zen. 
El ambiente zen se convirtió progresivamente en ambiente « guardería ». En Cannes subió un abuelete con sus dos nietecitas y su hija. En Antibes dos mamás con sus lindas nenitas y en Avignon para rematarlo, un padre divorciado con su hijito. Las criaturas en menos de un cuarto de hora se habían apoderado del vagón zen, transformándolo en un área de juegos recreativos. 
Intentamos ir al bar, pasando por el vagón cool, donde los móviles sonaban a mansalva, por el fun, donde la mayoría estaban visionando los dvd que se ponían en venta en el bar, cuando Carmela me dijo, « ve al servicio…vas a ver, es muy fun, todo funciona con botoncitos, no tienes que hacer nada ». Y no hice nada, la verdad, pero casi me muero del susto cuando leí en un cartel "en caso de disfuncionamiento pulse S.O.S". Ahí mismo, confieso que me dejé invadir por una espeluznante clastrofobia. Eso sí, espero que pronto propongan una opción aseos cools, funs y zens. 
De regreso ya a nuestros asientos, cuando intento de nuevo echarme una cabezadita, a ver si hay suerte, a todo esto echando pestes y refunfuñando, de pronto veo la carita de una de las nenitas que asoma por arriba de su asiento y me desarma diciéndome : « Nono, no… »
Permanezco zen, todo lo zen que puedo y entiendo que el ambiente debe de ser eso, una actitud por la que pagas un par de euritos más. Una tontería, vaya.
El aeropuerto me esperaba pocos días después.
Este, desde hace unos cuantos años ya, parece la terminal de autobuses del pueblo. Chanclas para arriba, bermudas para abajo, gente que se cuela en las colas (aunque llegue con dos horas de antelación), terminales que llevan el abecedario completo, y salas de embarque que parecen la sala de espera del médico de cabecera en horas punta. 
La elegancia de antaño, las azafatas amables y la cortesía, han dado paso al si te piso ni me acuerdo, un repaso del curriculum completo del personal de vuelo y la grosería. 
Antes del despegue descubro a mi compañero de vuelo, un indú con quien mantuve una conversación sioux en cristiano. La comandante de a bordo, se presentó, nos dijo cómo se llamaba, y que era de Valencia, que sus compañeras, una era de La Coruña y la otra de Salamanca. Me pedí un café, porque los bocadillos de plástico me sientan mal, y cual no fue mi asombro al constatar que la mitad del avión sacaba de los bolsos el viejo bocata de chorizo, la coca-cola y los cacahuetes que consumían como si tal cosa (por cierto, casi me recibo uno en todo el ojo). La azafata que me sirvió debía ser la de La Coruña por cierto deje gallego que le noté, cuando de mala leche, me sugirió unas galletitas por cumplido, las cuales por proponerme con tanto desgano, rechacé. Al aterrizar, Julián, el piloto, nos informó sobre la temperatura, pero no nos comentó de qué región provenía. Una pena ese olvido por parte suya, pues ya nos íbamos conociendo todos.
Antes el avión no era eso, no. El tren tampoco. El barco, tampoco. Los cruceros se han convertido en la versión hot de vacaciones en el mar. 
Me queda la bici, porque los paseos rupestres tampoco son lo que eran, ahora te marcan hasta por donde tienes que ir, ni perderte a gusto te dejan ya. Intentad el nuevo Camino de Santiago y ya veréis la que os espera. 
De los viajes de ahora ya os hablaré, de las vacaciones a huevo, también. Y de las opciones paquete o vuelos secos también, pero merecen un capítulo aparte.


rebeldes dejaron su madreselva

Mismo vídeo que en 2009. ;)

10 comentarios:

  1. Gracias Eva!
    Me he reído a la vez que comprendo tu desesperación, la verdad es que cada vez pasan menos esas cosas pero en lo que respecta a los niños cada vez los padres les hacen menos caso y se dedican a disfrutar del viaje y repartir con el personal del vagón la parte alicuota que corresponde de guardería. Eso me saca de quicio.
    En fín del 2009 hasta ahora se percibe un pequeño cambio en la educación ciudadana, tendrá que asar más tiempo para que se note y pra entonces ya estaré yo viajando por espacios siderales y me dará todo igual.
    Gracias por la dedicatoria, tú siempre tan atenta conmigo.
    Un montonazo de besos guapísima.

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    1. Fue una odisea aquel viaje. Y bueno, menos mal que años después las cosas van cambiando... Entonces escribí mucho sobre Niza por el 2009-2010, los italianinis, el granizado de limón, y una estrella y fue cuando salió lo de los besos también ;)
      Gracias a ti, y un montonazo de besos de vuelta.

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  2. Jajaja, tú si que tienes para escribir un libro, como viajera incansable. Esos de sacarse en los aviones, el chorizo y demás está muy bien, eso es comer y no las porquerías que te ofrecen. A mi los viajes que más me gustan son en mi propio coche, de hecho he corrido bastante, por esta Piel de Toro, pero claro, en ocasiones no tienes más cojones que tirar de avión, autobús y demás, más cuando se trata como en tu caso, por razones de trabajo. Y es cierto, ahora encima la putada, es que si estás ya dentro de la zona de embarque para tomar un avión, ya no puedes ni fumar, así que si te tiras un par de horas, sin pegarle al fumeque, y otro par de horas para llegar al destino, jodido lo pasas. Ahora yo, y que no se enteré nadie, me meto en los retretes mientas espero y fumo. Luego, pego dos manotazos para que se vaya el humo,y que se jodan. Ya lo he hecho en varios aeropuertos, Seguro que Tracy te echa flores, como hacemos todo el mundo.

    Besos querida EVA, y buen fin de semana.

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  3. La próxima vez que vuele me llevaré una tortilla de cebolla y una bota de tintorro, aunque con las ganas que tengo yo de viajar, seguro que casco antes... :)
    Besos y salud

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  4. Antes eramos pocos los que saliamos de vacaciones, hoy se ha democratizado (fregado) las vacaciones. Lo mejor es quedarse en casa.

    Besos

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  5. Los viajes han dejado de emocionarme. De hecho he decidido no viajar más horas interminables de vuelo (eso me pasa por vivir en el culo del mundo) ni en un micro o bus que tarda un día para llevarte de Buenos Aires a los lagos del sur.
    El mundo enloquece más rápidamente de lo esperado y no hay nada como "home, sweet home".
    Nos dejaste una encantadora crónica de las peripecias de una viajera empedernida.
    Un fuerte abrazo, guapísima.

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  6. De los aeropuertos, lo que más me gusta es ir a esperar a mí hija cuando viene de vacaciones a casa. Besos.

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  7. Bonita dedicatoria, fantástico viajar contigo con y a través de tus palabras, reina.


    ¿Para cuándo el libro tesoro?.

    Besets!!



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  8. La grosería y la falta de elegancia campan por doquier. Una lástima.
    Salu2 désirless, Zarzamora.

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  9. Menos mal que hay vagones"silenciosos".
    Viajo en coche pero si he de hacerlo en tren, en vagón silencioso.
    Harta de conversaciones por el móvil a gritos etc.

    Un viaje puede ser una tortura.
    Y es que hay quienes piensan que están solos.

    Besos, mi querida rebelde

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Rebeldes que dejaron su Madreselva