He de confesar que los días de lluvia y tristones se prestan para las presentaciones, ya sean de gente, de libros, de invitaciones a las que una asiste y se deja ver porque así la han reclamado. Ha habido ya tantas, que hasta el hecho de salir y de escuchar y de aprender, me cansa. En esto he de mejorar, ya sé. Son días de esos en los que hasta le puedes proponer un café a un viejo amigo aunque sepas que lo rechazará de antemano. Son días de esos en los que los párpados se cierran por fuerza de voluntad, solos, sin fuerza para pelearlos.
Y fue un día de esos también y como el de hoy cuando me regalaste y me sigues regalando una rosa y te recuerdo que hace tiempo que lo que leímos saltó cada renglón del recuerdo, y que las dedicatorias que ya archivan mis estanterías son viejas frases encerradas donde la nostalgia ya tan solo abriga, y como por olvido, el triste paso del tiempo.
Llega un día en el que el tiempo y los recuerdos se detienen y ya, a veces, hasta cuesta exorcizar al recuerdo para hacer que permanezca idemne y bonito.
A veces las historias se detienen, y las observamos como meros espectadores y nos resultan tan ajenas y extrañas, que hasta creemos que jamás fuimos partícipes ni las vivimos.
Imagino que es el camino hacia el olvido, o el the-end de algo que sin sospecharlo siquiera ya estaba encaminado hacia el país del Nunca Jamás.
Todo tiene su ciclo, y es él quien decide cuando se cierra...
En el recuerdo de cada San Jordi, como cada año, salta Joan Margarit, y abro aquel libro donde yace la rosa de Ronsard si bien marchita, siempreviva...
"Deseando que el aroma de la Poesía, desate la "postrera sombra que nos llevare el blanco día" perdiendo el respeto a ley severa, dejando la memoria en donde ardía...
Porque es Sant Jordi, y tú no te quedas sin una rosa con aroma atramuntanado, corazón, y con un pellizquito de Joan Margarit como desde que entré aquí en 2008, de entrar en este párvulo espacio ;)
