lunes, 14 de julio de 2014

Carta a Goyo.

…“Para mostrarme su desprecio o, cuanto menos, su real indiferencia, no era preciso el transparente disfraz de tan cumplido discurso ni tampoco la serie de «razones» tan poco sinceras como convincentes que me escribe. Bastaba con decírmelo. De esta manera entiendo lo mismo, pero me duele más. Si prefiere a mí al muchacho con el que festeja, y al que naturalmente quiere mucho, ¿cómo puedo yo tomármelo a mal? Ophelinha puede preferir a quien quiera: no tiene la obligación -creo yo- de amarme ni realmente la necesidad (a no ser que quiera divertirse) de fingir que me ama. Quien verdaderamente ama no escribe cartas que parecen requerimientos notariales. El amor no estudia tanto las cosas ni trata a los demás como a reos a los que hay que «apretar las tuercas».

Y recuerda…
al tiempo que yo recuerdo, que …

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

Pessoa.


Carta a Goyo,

Ya no nos queda ni el apartamento, ni la sonrisa fresca, ni el pedal para ponerle rumbo a una vida sin destino. Ya no nos queda tal vez la boca para besar más pececitos que boquean pidiéndonos besos que ni les daremos, como hacíamos antes en aquella piel de juventud cuando los regalábamos casi como en un dos por uno y ni el Mercadona existía y la maruja del ultramarinos nos miraba raro cuando íbamos a comprarle unas cervezas frías.  Se nos acabaron las fiestas de discoteca y las bolas de diamantes, noches de desenfreno a la luna de la orilla de cualquier mar, bah, poco importaba entonces el nombre de las playas, y los ronquidos de las siestas que no hacíamos, y luego llegó el suicidio de Ana, la que ya era tu mujer, y nuestro suicidio colectivo, y los años pasaron cautos, rebeldes, con sus hojas muertas y nuestros relojes estancados en la arena de algún Océano ya no muy Pacífico.
Aquello, todo aquello no impidió que siguiera sonando el teléfono, no somos gente móvil, más de fijos y un ay, fíjate aún con el mismo número…, para seguirnos las huellas aunque sean ya más que indelebles.
Este miércoles tras tantas defunciones y hospitales podremos abrazarnos. Llevaré esas habitas tiernas chiquitinas que tanto os gustan como las preparo, y este año, tengo la receta mágica, unas ñescas (torrijas) de orxata caramelizadas al punto G, receta elaborada de mi propia cosecha.
Estos tantos años, te agradezco cada una de tus palabras, tus delirios y noches de insomnio, sabes que estaré ahí casi siempre, quitándole las legañas a tus pesadillas.
Porque no creo en las ausencias ni el olvido, ni en los recuerdos que podrían traicionarnos, por eso me gusta compartirlos ( de ser contigo, mejor, para decirnos que sí, que así era y fue y que no estamos ni estábamos locos) que no traicionamos ni al recuerdo, porque todo nos da igual mientras el viento que respiramos lleve el aroma de aquellos cuerpos que reclamaban justicia y amor al desnudo, sin topless ni banderas rojas o amarillas, sin necesidad de vender lunas, y eso que la de Valencia ya no es ni lo que era, es una corrupta.
Lo dicho, mi vida, nos vemos este 16. Lo postergamos por ti y por Pessoa.

Un beso sardina que sautille hasta tu boca.


P.S. Te dejo la rumbita que le cantabas a esta morena gitana, pa ti, mi gaché, guapo.







7 comentarios:

  1. Preciosa carta a Goyo, diga Pessoa lo que diga, y miá que me gusta....

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  2. ¡Ay, esas habitas tiernas me gustaban (y me gustan) mucho!
    Que no se le olvide al epistolar poner sello y dirección clara, que luego no llega.
    Salu2, Zarzamora.

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  3. Madre mia, esas ñescas de orxata caramelizadas al punto G, me ponen birriondo, casi a punto de orgasmo solo con imaginarme que las estoy catando...
    Que envidia cochina, y de las malas no, peores :)
    Besos y salud

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  4. qué inevitable es el ridículo del amor y qué necesario
    Besos.

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  5. El Mediterráneo pone nostálgicas hasta a las sardinas. Sardinas, si, pero sardinas enamoradas.


    Bsss

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  6. Muy bueno genial eso de que la luna de Valencia ya no es lo que era, sino una puta corrupta, y que verdad más grande el mensaje de esa carta. A Goyo se le habrá puesto el culo gordo, por cierto se llama como el peluquero de mi esquina.

    Besos EVA.

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  7. Ya no queda parte de un pasado, pero en este presenta, qué bueno que sigan estando esas personas.

    Pessoa, sublime.

    Besos, querida Eva

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