sábado, 5 de noviembre de 2016

UN REGALO OTOÑAL

                                               
                                                                              Gracias, persona.
                                                         
Hay mañanas que te despiertas, bajas por el pan, a tomarte el café y a leer el periódico como muchas otras mañanas. La portera te dice, eh, hay un paquete para ti, y te lo llevas bajo el brazo y lo abres con sumo cuidado. En tu cara se refleja el sonrojo, y tus ojos brillan como cuando niña abrías las sorpresas. Y una sonrisa empaña tu rostro. 




Hoy afuera llueve. Ya es cellisca. Ha llegado por fin el otoño, que este año nos regaló un été indien. No es una novedad, qué sería de nuestro París sin aguaceros, ni esos jueves  que nos están esperando y en los que pereceremos sin recuerdo alguno.
Y vuelven con su Noviembre las castañas, las esquirlas y el humo de las chimeneas.
Y entonces mis letras se disparan solas hacia mil instantes inundados de inmarcesibles. 
Desde que la esperanza ha hecho nido en tu boca, cada día cuando despierto acontece esa luminiscencia entre los grises de este otoño que agoniza con aquellas hojas que si bien muertas, siemprevivas reverdecen  nuestros recuerdos, la efervescencia en las pupilas, la magia que logra operar lo etéreo en este punto melifluo en el que alcanzamos lo inefable.
Y también pienso en ti, que ya no estás, y te pienso hoy como hogaño, en mi sutil retirada y rodeada de esas limerencias encantatorias (me gusta inventarme palabras cuando te escribo y neológicamente reinventarnos en diccionarios nuevos despojados de reglas y sintaxis)  que subyugan cada peca de tu piel, ante la aurora del olvido equidistante de lo efímero. 
Cuando logramos sortear esas piedras con las que tropezamos  mal, y /o al menos más de dos veces, cuando la soledad en los hospitales nos muestra por la rendija de alguna grieta desconchada en la pared otrora blanca de habitaciones con tubos de oxígeno y palabras muertas, dónde está o tal vez donde estuvo la salida desde el origen de la entrada en la cueva,  cuando abrimos las puertas, y renace con toda su magia plena la incandescencia de la vida, dejando de lado como una vieja escoba en el rincón de la cocina el desenlace de la soledad para abrirle paso a la epifanía de un presente con cara de futuro, escurridizo, efímero y por ello tan atractivo… que asusta hasta al mañana con su carita de auroras boreales.
Y también te recuerdo a ti, y el latido de tu tinta cuando los dedos escapándose de tus manos columpiaban el teclado hasta volar hacia la niña de mis ojos, cuando la elocuencia de la madrugada, y sin bostezos,  nos bastaba para columpiar una alharaca de cuentos que hablaban casi siempre de amor, nunca de rencores ni reproches.
Agazapada, arrebujada y levantando el cuello del abrigo hasta la puntita de la nariz con las manos, toda ella altiva y respingona al horizonte (mi nariz) , y con las manos enguantadas bajo el calor de la bufanda y la boina parisina mientras me dirigía al café desde el que te/os escribo ahora, y  nos imagino como dos sonámbulos de épocas perfumadas de arreboles, y veo nuestras bocas con ese brillo de nubes rojas anunciando horizontes nuevos, sonrío.

Te encontré a ti en una primavera llena de abril que nadie nos ha robado, fuiste la serendipia más bella que pude soñar como literatura desmembrada en el país del consuelo, y a ti bajo la nota dulce que embriaga todo un minuto en las manos traviesas de un Chopin, y a ti en la algarabía de ángeles que bailan por las cúpulas de una ópera sincera, que no prima, en las alas de Chagall, y a ti dentro de un boeuf écorché subyugado en las costillas de adanes pseudopsicoanalistas, respirando el aliento del eucalipto por carreteras con un desvío que llevaba hacia el Norte, y a ti nadando en un mar austero oteado por una cabra que sabía hablar francés sacándole la lengua a la de Monsieur Seguin. Y a vosotros, traviesos niños con arrugas que saben que el amor existe...

Te recuerdo, y  os recuerdo uno a una, amigos,  y qué bueno que os tengo en este ahora que no sabe de pasados cítricos  que se mezclan ya hoy con canelas y tequilas.

No necesito tu mano, 
sólo




abracémonos  y bailemos.


Gracias D, EF.


17 comentarios:

  1. precioso...
    un lujo leerte hoy, en medio de esta mañana gris y laboral, con dolor de cabeza y demasiadas cosas que hacer un sábado por la mañana, este respiro para leerte ha sido un regalo, así que gracias y un montón de besos!!

    ResponderEliminar
  2. Que nada empañe tu sonrisa. Bellisimo escrito. Gracias por compartir. Saludos!!!

    ResponderEliminar
  3. Me encantan las castañas las esquirlas y ese humo mágico de las chimeneas, hoy le has dado con este bello escrito sentido a este otoño recien estrenado.
    Que disfrutes el sábado, cielo.
    Bss.

    ResponderEliminar
  4. Mas de una vez me sonrojo al leerte, esta es una de esas veces, porque ante tus letras mágicas, yo, literariamente hablando, me siento muy pequeñito, pero entonces, afortunadamente en mi no se rebela la envidia ni buena ni mala, solo la admiración y un dulce cariño por ti, por tus sentimientos, y en especial por todo lo que pares con ese cerebro privilegiado y que deberías apreciar mucho mas :)
    Besos y salud

    ResponderEliminar
  5. Leyendo esta entrada y con estas pincelas de francés: que belleza de léxico tenemos y sin encima que se le sabe dar a cada palabra su significado eso es;miel sobre hojuelas.

    Estimada Eva este otoño que tanto buenos recuerdos te trae y como bien dices que sería de París sin aguaceros, pero aunque se repita a lo largo de nuestra existencia las mismas cosas nunca saben igual , como esos recuerdos de hogaño que tanto bien te hacen.-Y que esos pasados cítricos(esos recuerdos se hayan dulcificado sabiéndote a canelas y tequilas).

    Un beso y te dejo el lunero cascabelero estimada Eva.

    ResponderEliminar
  6. Madreselva:
    un regalo merecido, sin duda.

    Ojalá lloviera aquí más a menudo. Ahora mismo acaba de caer un chaparrón, pero me temo que sólo quedará en eso.
    ¡Ay, la cabra del señor Séguin, que no supo calibrar el peligro del lobo, aunque lo intento. Nada más que por eso, cae simpática.
    Me gusta eso de inventarse palabras y utilizar una sintaxis personalizada.
    Amaral, siempre un puntazo.
    Espero que el lunes haya besos, lloviznados, celliscados o cellovizna2.
    Salu2 illustrés.

    ResponderEliminar
  7. Ains, mi Eva Zarza. Tu entrada es un homenaje a la vida, a la intensidad, al invento y al re invento y sobre todo al amor con mayúsculas, al bien sentir con la sintaxis que quieras. Un besanis... me voy con gran sonrisa.
    Muy hermoso.

    ResponderEliminar
  8. si es que siempre hay una razón para disfrutar, aún bajo el temporal que no acecha

    ResponderEliminar
  9. Ay como me gusta Maitena, ¡Eres una suertuda!
    Entre su libro y tus palabras habéis hecho del otoño una primavera.
    Besos guapísima.

    ResponderEliminar
  10. Y yo te leo y un suave aroma a canela envuelve la habitación de todos los recuerdos, el fruto de esos sueños que entre mareas de amistad, seguirán rumbo al horizonte...

    Que lindo escribes, mi rebelde.

    ResponderEliminar
  11. Qué manera de hacer poesía, dentro de un relato pleno de nostalgia y de sabores frescos, fue muy bello leerte.
    Abrazo

    ResponderEliminar
  12. ¿ Te he dicho que me encanta leerte ? Besos.

    ResponderEliminar
  13. De gran persona, gran talento.

    Besos EVA y feliz semana.

    ResponderEliminar
  14. Leo y sonrío. También añoro.
    La magia del texto bien escrito, con sentimiento, tiene esto: que hace que el lector se refleje, haga suyas las imágenes y al terminar de leer, se quede con la buena sensación de haber leído algo maravilloso.

    Besos, gracias, querida Rebelde.

    ResponderEliminar
  15. Se me olvidó: Maitena es única.
    Tengo un dibujo de ella puesto en el contacto de esa doctora que tu sabes jajaja

    Pues, ahora, otro beso ;)

    ResponderEliminar

Rebeldes que dejaron su Madreselva